El bloque de Alta Gracia Crece presentará un proyecto de ordenanza en la próxima sesión extraordinaria que insta al Departamento Ejecutivo a habilitar espacios públicos para encuentros sociales. El mismo está fundado -entre otras cosas- en que los jóvenes de Alta Gracia no cuentan con un espacio para sus juntadas, y por eso se van a localidades aledañas como Despeñaderos o Potrero de Garay.
“Que vemos con gran preocupación el aumento de eventos y encuentros llamados “clandestinos”, ocurridos principalmente los fines de semana y en horarios nocturnos cuando se produce el cierre de los establecimientos gastronómicos habilitados, Que al encontrarse sin actividad los distintos boliches y lugares de encuentros, muchos de los jóvenes de nuestra Ciudad han elegido espacios públicos, como por ejemplo el mirador (camino al Primer Paredón), detrás de la planta potabilizadora de agua COSAG, entre otros, y una gran mayoría de ellos se traslada hacia las localidades aledañas como Despeñaderos, Potrero de Garay (a orillas del Lago Los Molinos), Falda del Carmen, Villa Parque Santa Ana, entre otras”, aseguran en el proyecto.
El proyecto plantea que los espacios públicos de la ciudad, como el Parque García Lorca, el Sierras Hotel o el Camping Municipal, aunque nadie aclaró cuáles, estén legalizados para juntadas o reuniones sociales entre jóvenes que, por la pandemia, no tienen un lugar donde encontrarse. Además, sería el Municipio el encargado de reglamentar el lugar, y que cuente con la presencia de Seguridad Ciudadana para lograr un control de las medidas que se exigen por el Covid-19.
Tal vez busquen al consenso de los más jóvenes de la ciudad, proponiendo (ya que prometer y proponer no cuesta nada cuando la responsabilidad de las decisiones es de otros), olvidando las innumerables quejas de los vecinos de las zonas colindantes con los parques públicos por los ruidos, las muchedumbres y las “jodas” nocturnas. Por otro lado, el planteo de salir de la clandestinidad tiene algo de, por lo menos, contradictorio. Lo que es clandestino, hoy, es realizar fiestas masivas, para evitar contagios, no dónde. Los lugares habilitados, respetando el concepto de zonas residenciales y respeto por los vecinos que allí tienen sus viviendas, es ya un tema que preexiste la pandemia.
El mismo Estado, que les exige a los privados, dueños de boliches, salones, bares y demás, que respeten los protocolos, la cantidad de gente, los cuidados y las limitaciones que desde hace un año afectan a todo el sector, ¿debería habilitar reuniones ambiguamente legales y controlarlas? Pero además, controlarlas ¿Cómo? ¿Que el Estado ponga más recursos de Seguridad Ciudadana, de custodios de jóvenes que tengan barbijos, que estén con distanciamiento, que mantengan los niveles de música y ruidos bajos, que no se excedan en cantidad, a la madrugada?
Y los que no pueden sumarse, para que no sean tan masivas… ¿a dónde van? Probablemente terminarían nuevamente en fiestas clandestinas en lugares públicos o privados no habilitados. Y a ellos, ¿quién los controla y los cuida?
Por último, cómo piensa lidiar los del bloque opositor con todos los emprendedores de “la noche” que esperan pacientemente poder volver al ruedo y levantar un año realmente difícil, dispuesto a ser ellos mismo los garantes del respeto de las medidas? ¿Ellos les van a explicar que el Estado será su competidor en ofrecer esparcimiento nocturno?
Posiblemente no, ya que se trata de una propuesta que solo apunta a generar consenso, pero, viendo la escasez de los detalles y de los puntos de la ordenanza que solo “insta” al Ejecutivo, quedará en la nada, mientras disfrutan de una promesa que tal vez le brinde algo de éxito efímero sin compromisos con la sociedad.
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