“Era un chico inofensivo, jamás hubiese pensado que pudiera hacer algo así”. “Fabian era una buena persona, no se merece que lo tilden de violento”, “Eran una familia muy unida, siempre estaban juntos”. Estos, fueron algunos de los comentarios de personas que conocían a los protagonistas de la tragedia ocurrida en diciembre de 2018 en Barrio Poluyan; cuando un joven asesinó a su padrastro de dos disparo en la cabeza.
Inmediatamente, la Policía fue a corroborar lo que el joven decía y, efectivamente, se encontraron con la impactante escena. El hombre, estaba muerto con un disparo en la cabeza. Si bien oficialmente no se confirmó como fue el hallazgo, se supo que el hombre estaba recostado en la cama y que, aparentemente, lo asesinaron mientras dormía.
Cercanos, describieron al homicida como un “buen chico”, introvertido, callado y que “sufría bullyng” y a la víctima como “una excelente persona. Un gordito bonachón”. Nadie podía entender lo que había pasado.
En su testimonial, Maximiliano declaró haber sido victima tanto él como su madre, de constantes actos de violencia física y verbal de parte de su padre de crianza. Incluso dijo que su padrastro lo había abusado sexualmente en numerosas oportunidades, signándose así mismo como la verdadera víctima de esta tragedia.
Ante este panorama, el joven continuaba siendo sometido a pericias interdisciplinarias para tratar de dilucidar si realmente podía ser juzgado o no por el hecho que él mismo se habia autoculpado o si podía quedar libre de cargo.
Las conclusiones llegaron a que Maximiliano era imputable y debía enfrentar un juicio oral como cualquier otro detenido.
A dos años del caso, el joven permanece detenido en la cárcel de Bouwer y sin fecha de juicio aún por un caso que puede llevarlo hasta la prisión perpetua. Se sabe, que antes de la pandemia era visitado con frecuencia por su madre y por una hermana que al parecer desconocía que tenía hasta ese momento.
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