En la vida siempre hay segundas oportunidades, así dicen, y seguramente Lorena Romero es un claro ejemplo de ello. Su voluntad y ganas de salir adelante fueron, sin duda, lo que marcó el inicio de un camino largo y doloroso, pero que hoy, y gracias a su perseverancia, ya muestra sus frutos.
En octubre de 2018, la mujer fue víctima de uno de los episodios de violencia mas horrorosos jamas contados en la historia del Departamento Santa María. Su ex pareja, Luis Luque, la secuestró en su vehículo y tras largas horas de golpearla una y otra vez, la roció con nafta y la prendió fuego. Fue gracias al conductor de un Renault 12 que apareció en una zona descampada, que Lorena pudo zafar y hoy vivir para contarlo. «Fue mi ángel» había expresado la mujer a este medio, a un año del hecho, cuando se refirió a ese desconocido que la llevó al Hospital.
A poco de cumplirse tres años de ese lamentable hecho, con algunas cirugias reconstructivas para mejorar su calidad de vida y continuando con su tratamiento de recuperación, Lorena volvió a hablar con RESUMEN y se mostró optimista por su evolución.
«La verdad es que la sigo luchando dia a dia para estar bien y estoy muy bien. Son mis hijos quienes me siguen sacando adelante y cada paso que doy y la vez que tengo que entrar a quirófano, lo hago de la mano de ellos. Son mi pilar», contó.
Recientemente, Lorena debió ser intervenida en una de sus manos y hace poco más de un mes, en su cuello. Pero, en total, ya fue operada en mas de 12 oportunidades, a causa de las secuelas que le dejaron las quemaduras que sufrió en un 30% de su cuerpo.
«Lo que yo pasé no se lo deseo a nadie, fue una crueldad, pero jamás bajé los brazos y le agradezco a Dios por esta fortaleza que tengo hoy», agregó la mujer, quien acompañada de su familia lleva adelante una vida normal y trabaja.
«Sigo yendo al médico y se asombran de mi recuperación, están contentos», añadió.
Lorena destacó el acompañamiento que económicamente recibió del Polo de la Mujer a nivel Provincia peor, sobre todo, de su psicologa quien nunca la desamparó.
Hoy, sus cicatrices reflejan más su lucha por salir adelante, que aquello que padeció en manos de su agresor. Hoy Lorena está más viva que nunca y sigue demostrando que se puede.
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