
Las coordinadoras iban y venían entre los chicos de las distintas escuelas. Docentes y alumnos portaban globos amarillos y la música estaba a todo volumen en la explanada de la Estancia Jesuítica.
Cuando llegaron los alumnos de Crecer todo, Pepe Margaría, su mujer y su hija portaban una remera con la foto de su hijo Bruno, en cuyo honor se hace la competencia: «es para nosotros algo muy lindo y muy emotivo poder ver todo esto y todo el trabajo que hacen las chicas. Poco a poco el evento crece y eso es muy bueno», señaló.
Primero largaron las sillas de ruedas, luego los corredores de las distintas categorías, siempre acompañados de alguién que dio vuelta a la plaza a su lado.
Para el final, música y premios para todos los participantes.
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