
La especialista en clínica de niños y adolescentes, Liliana González brindó el viernes pasado, una charla entretenida, profunda, polémica y provocativa, frente a más de cuatrocientos padres y docentes de nuestra ciudad, en Solares Espacio Cultural.
La conferencia se dio en el marco de los festejos para los 15 años de trayectoria de la Fundación Espacios, ONG a cargo de la organización,que además ofreció un servicio de cafetería, de la mano de Espacios Truck, el bar itinerante e inclusivo.
Liliana González tiene una forma de dirigirse al público que apela al humor, tajante, y a la empatía con los oyentes; una consejera, sí, pero a la vez mamá abuela y por sobre todo parte de nuestro entramado social. Por dos horas corridas, trazó un panorama de las fallas más comunes de padres y docentes y el desafío de educar a los niños y adolescentes en un mundo que ha ido cambiando en su forma de manejar el tiempo, el lenguaje, lo escrito y lo visual.
Equilibrio
Acerca del núcleo de esta serie de desafíos, que involucran a las dificultades por sobre todo de los padres, la psicopedagoga explicó a RESUMEN: “Hay que darle tiempo a los chicos y no dejarse colapsar por las cosas personales, construir familias. A los padres de hoy les está costando mucho más, porque la vida se ha puesto más difícil. Antes, con que el hombre trabajara, ya alcanzaba, ahora tienen que salir los dos; y la mujer vuelve cansada, agotada y con menos paciencia. El mayor desafío es equilibrar el afuera con el adentro; adentro están los chicos que nos necesitan, y afuera está el trabajo, pero algún equilibrio hay que lograr”.
El amor
“Los primeros cinco años de vida, constituyen la etapa en la que se estructura el lenguaje, pensamiento y la personalidad, por eso es importante bañarlos de amor”, afirmó durante la conferencia, la profesional que, de hecho, insistió en que “el amor y los límites son el verdadero cocktail educativo, pero en este orden, porque un niño tiene que ser muy amado para aceptar el no”.
Los padres hoy, están enfrentando problemas en transmitir afecto y atención, entre ellos, a sí mismos y, por ende, a los niños: “algo nos pasa con el amor, no soportamos la desilusión, hay frustración, se cambian mucho de pareja y hoy estamos en un contexto donde el amor está en crisis y en eso tenemos que poner la atención”, siguió la psicopedadgoga que además es autora de varios libros.
El juego y las pantallas
Una parte importante de la conferencia se centró en la sobreexposición a la tecnología que, según González, acecha no sólo a los niños, sino que nuestros hijos serían fiel consecuencias de nuestra “adicción” tecnológica: “Los responsables somos los adultos que también estamos hipnotizados por las pantallas tanto como los chicos. Desde que nacen, notan las miradas esquivas hacia ellos, y cómo la posamos en un celular, hasta en la mesa, todo el tiempo. No debe extrañar que haya chicos a los que les cueste sostener la mirada”.
Eso, sumado a los tiempos, a las corridas, a las actividades y, sobre todo en las ciudades, a la falta de juego en plazas o barrios, afectaría la capacidad lúdica de los primeros años de la infancia: “Los chicos están llegando a la escuela con un déficit muy importante de juego, han jugado poco con otros, con pares y se le hace muy difícil la convivencia en el aula; la infancia ha perdido su capacidad de jugar sanamente».
El tiempo
González explica algo preocupada que inclusive la Sociedad de Pediatría aconseja prestar atención a los hijos, por lo menos media hora por día: “Hay que tener tiempo gozoso para los chicos, y cuando uno trabaja tanto y está atrapado por tantos intereses personales, a veces queda muy poquito tiempo para esta crianza gozosa que todos los especialistas estamos proponiendo, en función de ver distintas síntomas de la infancia, niños tristes, niños adultizados, que están enfermándose como si fueran adultos con gastritis, úlcera, alopecia, depresión”.
Aulas más dinámicas
Con respecto a los docentes, la psicopedagoga centró sus consejos en la posibilidad que las instancias escolares se vuelvan más dinámicas, con más actividades compartidas y que los alumnos puedan vivir a ese espacio como su lugar de experiencia social.
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