Sociedad

«Yo, con ese, me voy a casar»

El viernes pasado, en el registro civil de Anisacate se celebró un matrimonio peculiar. En una época en la que, al parecer, se confía cada vez menos en esa institución, dos ancianos decidieron sellar su amor frente a la Ley.
Dora Aureliana Ramallo tiene 80 años, es viuda y desde hace dos años vive en el hogar para ancianos Solaire, de Anisacate. Allí, unos meses después de su llegada, ingresa José Antonio Cisterna de 75 años, viudo también.

Parece con los flechazos no tienen edad, y Dora supo desde el principio que ese “muchacho” alto, elegante sería para ella sola y empezó a conquistarlo.
Patricia, enfermera del geriátrico y testigo del matrimonio, relató:“Yo era la que les hacía de gancho. Entre mate y mate, José me contó que quería proponerle casamiento a Dorita, pero no se animaba porque tenía miedo que ella no lo aceptara. Yo, sin embargo, sabía de las intenciones de ella, así que lo alenté”.

Iris, sobrina de Dora, explica a RESUMEN: “Ella hace dos años que está en el hogar y él llegó después de ella. Una tarde, mientras estaba charlando con otra señora lo vio y dijo “Yo con ese, me voy a casar”. Se empezaron a conocer y hablaron de sus vidas y empezaron una relación. Todo fue muy rápido, pero yo me enteré hace apena un mes que eso iba en serio. Un día la voy a ver porque estaba descompuesta y vi que José estaba ahí sentado, al lado de ella. En ese momento que sospeché algo, pero no imaginé que iban a terminar casándose”.

Todos coinciden en que son muy compañeros: tienen largas charlas, toman mate y él la conquistó con el canto, ya que a menudo se lo escucha entonando algo, sólo para ella. Una ceremonia íntima, a pesar de la curiosidad de la prensa, que logró emocionar absolutamente a todos y además e enternecer. José, tan elegante y serio y Dorita, chiquita con un vestido que marcaba un cuerpito aún atlético y una tiara elegida para la ocasión.
Los novios no esperaron al tradicional “ puede besar a la esposa” y, apenas la oficial del registro civil los declaró marido y mujer, Dora y José ya estaban unidos en un tierno beso, luego de haber pronunciado el sí, con poca voz y mucha emoción. Por su lado, los parientes no pudieron contener las lágrimas de emoción y acompañaron la decisión de ambos no sólo con felicidad, sino con una cierta sensación de esperanza y renovada fe en el amor. “ Mis amigas me dicen que ahora todas tenemos esperanza de casarnos”, cierra Iris, sonriente.

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