
Adelma Ferretti, la artista de 86 años que descubrió su vocación en la madurez de su vida, fue convocada por el jardín de infantes del colegio Comandante Espora para acercar a los niños al arte.
«Fue una experiencia conmovedora», dijeron los que estuvieron presentes ese día donde se mezcló inocencia, felicidad, consejos y dibujos que no paraban de surgir minuto a minuto.
«La llenaron de besos, se acercaban le preguntaban cosas, les pedían consejos sobre la forma en que los niños habían realizado los dibujos. También consultaron de qué manera había hecho los cuadros que ella llevó, le escribieron cartitas, le hicieron regalos…todos terminaron la clase queriendo ser artistas plásticos. Fue un momento único para todos», relató su hija Miryam al respecto.
Recordemos que Adelma («Dita», como todos la conocen) dedicó toda su vida a cuidar de su familia, en las buenas, como mamá y en las malas, frente a las enfermedades de varios familiares. Cuando sus hijos eran aún chiquitos dedicó años a aliviar a su papá en una larga enfermedad. Luego un tío y finalmente su marido y compañero de una vida. Y así se le fueron los años y uno de los sueños que tenía guardado se fue postergando, una y otra vez. Hace tres años atrás, cuando ya no le quedaba nadie a quien cuidar, “Dita” empezó a pintar y ahora las paredes de su living lucen sus obras, de colores alegres, como la mirada de ella. «Empecé dibujando sobre telas trapitos viejos. Un día se me puso en la cabeza que quería hacer una hortensia y cuando ví lo que había que hacer me pareció difícil ¿ Cómo me irá a salir eso?. Pero lo hice y e salió. Entonces luego de una telas más sentí que podía hacer los cuadros, primero con acrílicos y luego con óleos y todo lo demás. Son un poco caros, soy jubilada (se ríe)», fue parte de lo que contó en una entrevista que Resumen le hizo en noviembre del año pasado.
Lo cierto es que, más allá de las técnicas y de los consejos que pueda brindar desde su experiencia, lo que se vivió en esa clase fue mucho más. Hubo mezcla de generaciones, respeto por el otro, sabiduría de los años y risas desde la inocencia de esas decenas de niños que por un día fueron pintores en potencia.
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