El 26 de abril de 1986 la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania, fue protagonista de una de las peores catástrofes a nivel mundial. Hablamos por supuesto del accidente de Chernobyl, donde el núcleo de un reactor nuclear explotó esparciendo grandes cantidades de radiación que se extendió rápidamente por todo Europa y parte de América del Norte.
Las consecuencias derivadas de la exposición a la radiación causaron el fallecimiento de decenas de personas, y ocasionaron graves lesiones en los pobladores más cercanos a la central, además de aquellas afecciones como el cáncer que aparecieron a lo largo de los años.

Treinta y tres años pasaron de aquel fatídico día, sin embargo en los últimos meses, Chernobyl, ha resurgido para convertirse en uno de los temas más populares de hoy en día. La cadena HBO, comenzó a emitir hace un tiempo una serie que ha catapultado este suceso a la boca de todos a nivel mundial.
Es así como esta historia parte desde el norte de Ucrania para llegar hasta nuestra ciudad de Alta Gracia, pero antes debemos hacer un paréntesis y poner algunas cosas en contexto: En el año 1993 el rabino Rabbi Yossie Raichik, comenzó a recorrer el mundo en busca de ayuda financiera, en representación de la campaña llamada ‘Los Chicos de Chernobyl’, con el objetivo de trasladar niños afectados por la radiación desde Rusia a Israel, donde recibirían tratamiento.
Uno de los destinos que visito Raichik fue Córdoba, y es allí donde un vecino de nuestra ciudad cobra protagonismo para traernos una historia conmovedora que no entiende de distancias. Se trata de Rodolfo “Rudy” Eiben, que en el año 93 organizó una cena en su casa con el propósito de conseguir ayuda financiera para poder ayudar a los Chicos de Chernobyl.
RESUMEN dialogó con Eiben, que luego de 26 años vuelve a bucear en sus recuerdos para traernos esta historia: “Fue una iniciativa de la comunidad judía, de los rabinos ortodoxos. A través de ellos en el año 1993 me comunican la visita del rabino que venía con la misión de recaudar fondos para tratar de recuperar, mediante la atención medica Isrealí, chicos que habían sido perjudicados por la radiación”, comenzó contando Rudy.

Eiben fue presidente de la comunidad Israelita en Córdoba entre 1986 y 1989, con 29 años, siendo el más joven en desempeñar el cargo.
“Fue algo que en lo personal me conmocionó mucho, me tocó fuerte, porque me mostraron fotografías de los perjuicios que había causado la explosión, y el éxodo de personas que hubo a raíz de eso. Gente que había perdido absolutamente todo, y en especial estos chicos que en su mayoría a raíz del accidente habían perdido a sus padres”, expresó.
“Yo organice en aquel momento una reunión en mi casa, en ese momento vivía en Córdoba. Organice una cena para recibir al enviado y junte 20 personas, que en su mayoría eran provenientes del comercio y la industria de Córdoba, para que me acompañaran en la posibilidad de contribución. Cada uno tenía que becar a un niño, yo colabore e impulse este tema. Luego de unos años me mandaron las fotos para que yo pudiera conocer a quien había logrado ayudar, hoy debe ser una persona mayor de treinta y pico de años”, comentó Eiben.
Rodolfo Eiben es de San Juan, pero con solo 17 años vino a estudiar a Córdoba abogacía donde se recibió con honores. Hoy en día divide su tiempo entre Buenos Aires y la Ciudad de Alta Gracia, donde vive con su mujer hace 15 años.
Si bien, el hoy altagraciense, fue de gran ayuda en aquellos años para la campaña por los niños de Chernobyl, asegura que no pudo conocer personalmente a quien ayudó pero si conserva las fotografías: “No pude conocerlo personalmente, en aquellos años las distancias no eran tan cortas como ahora, no había internet, ni redes sociales, mucho menos los celulares que hay ahora. Además Israel es un país que ha sufrido muchos embates bélicos por lo cual en aquellos años se hacía difícil viajar. Yo era una persona de 29 años y no contaba tampoco con el tiempo suficiente.
No hay pretensiones en las obras:
Eiben sabe, y es consciente, de que esta historia ha llegado a los medios por la relevancia y la popularidad que ha cobrado el accidente de Chernobyl a lo largo de este último tiempo. Sin embargo, en su memoria este era un hecho que quizás había olvidado luego de 33 años, no por restarle importancia, nada de eso, sino porque en las obras del abogado no existen pretensiones de dar para trascender.
“Soy una persona que permanentemente esta donando cosas, es una manera de vivir, creo que cuando uno da, devuelve el doble. Mientras uno está en vida y ayuda al prójimo no debe hacerlo trascender, las donaciones que se hacen para trascender no se saben si son realmente para ayudar o para que justamente trasciendan. No era mi intención que esto se diera a conocer para nada, esto trascendió ya que el diario Perfil fue a conversar con el Rabi y de allí se dio a conocer los cordobeses que colaboramos. La vida te lleva por distintos lugares, esto pasó hace 33 años, yo quizás ni me acordaba, lo vi como un episodio más de la vida, no lo hice para que trascienda”, aseguró Eiben.
Además, debido a la popularidad de los hechos, agregó: “Es impresionante la relevancia que está cobrando a través de la serie, me sorprendió la difusión que está teniendo este tema en el mundo entero, hace poco leí que Chernobyl se transformó en un lugar de atracción turística. Jamás pensé que iba a tener esta trascendencia”.
Vivir para ayudar, sin esperar nada a cambio:
“Te voy a contar otra anécdota” dice Eiben, a quien la vida lo ha llevado por diferentes lugares: “El año pasado realice un viaje a Israel a través de la Fundación Rio de La Plata. Fuimos amigos de aquí de Córdoba y Buenos Aires, y visitamos un hospital donde el conflicto por la guerra de Medio Oriente era muy cercano. Allí conocimos un chico Palestino, que había sido alcanzado por una bomba y le había volado la pierna derecha”.
“Un nene de 12 o 13 años, y me acuerdo que el chico en árabe le dice a la enfermera, y ella nos traduce, que él era amante del futbol y que aspiraba a algún día poder patear una pelota. Uno de los que fue conmigo le mando una camiseta de boca, a mí me llego al corazón así que fui y le compre una pelota de Boca. Después nos mandaron una foto del hospital que las había recibido. Cuando uno puede, hay que ayudar”, finalizó.
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