
Uno sabe dónde empieza y dónde termina el camping porque sus alambrados oxidados y parcialmente derribados están cubiertos por una lona plástica que alguna vez fue celeste y estuvo en condiciones higiénicas.
Dentro del predio, el panorama es desolador. En plena temporada, casi ninguna carpa. No hay turistas acampantes. No se escucha música ni gritos de chicos jugando. No hay nadie o casi nadie.
Y es que no es para nada tentador lo que (no) se le ofrece al turista ocasional. Yuyos crecidos, bolsas plásticas con residuos diseminadas por el predio, poca iluminación nocturna a través de cables que cuelgan de los árboles, cero servicios que desalientan a cualquier visitante.
Fuera de control
El camping está enclavado en un lugar ideal. Pileta en el predio, a metros del arroyo, junto a un parque fantástico y relativamente cerca del centro.
Pero a la escenografía hay que ayudarla con una buena dirección de escena para que la película salga bien. No hay controles en verano y mucho menos en invierno, cuando el lugar es tierra de nadie. Luego, los esfuerzos de trabajo y dinero por recuperar el lugar suenan siempre a insuficientes.
Comentarios: