El 29 y 30 de mayo se cumplió un nuevo aniversario del “Cordobazo”, uno de los sucesos políticos más trascendentes de nuestro país, que reunió a obreros y estudiantes, junto a gran parte de la sociedad civil, en el marco de la lucha contra la dictadura de Onganía, en el año 1.969.
Pero este acontecimiento no fue un hecho aislado, sino la culminación de un proceso histórico que es conveniente repasar. Conocer la historia, nos ayuda a comprender el presente.
Corría la década de 1.930, y el gobierno de Amadeo Sabattini había sentado las bases para la industrialización de nuestra provincia, a través de la construcción de caminos y diques.
Esto se vio reflejado años después, durante el segundo gobierno de Perón, época en la que la industria de Córdoba cobra un gran impulso.
La instalación de fábricas como Fiat y Kaiser, convierten a Córdoba en el centro de la industria automotriz del país, a la vez que, alrededor de ellas, surgen decenas de industrias autopartistas de origen nacional.
Pero deviene el golpe de Estado en el año 1.955, y se proscribe al peronismo. Esto implica que se prohíbe su participación en cualquier ámbito de la vida social y política.
A modo de ejemplo, estaba prohibido nombrar a Perón. Estaba prohibido escribir la palabra Perón. Se tachó su nombre en los libros de historia. Se quemaron los libros que adherían a su posición. Eso es la proscripción. Y así fue durante dieciocho años.
Pero esta proscripción no evitó que las ideas de aquel movimiento político subsistieran. Muchos militantes y dirigentes forjaron alianzas, incorporándose a otros partidos políticos, así como a movimientos sindicales.
En Córdoba, los obreros de las fábricas se fueron incorporando a los sindicatos del sector, y se hicieron cada vez más fuertes. Entre sus dirigentes aparece la figura de Agustín Tosco (SMATA) quien bregaba por una CGT unida, que escuchara a las bases y defendiera los derechos de los trabajadores.
En 1.966, nuevamente las Fuerzas Armadas interrumpen el orden constitucional, derrocando al presidente Arturo Illia. Pero entonces el movimiento obrero se encontraba mejor preparado para la resistencia.
El gobierno de facto que presidía Onganía, suprimió toda forma de participación política, suprimió el Congreso Nacional, intervino las universidades nacionales, y prohibió la actividad política a los estudiantes.
Onganía lanzó un plan económico consistente en la devaluación de la moneda argentina, el congelamiento de los salarios por dos años, y los despidos masivos. Propuso un modelo de desarrollo industrial dependiente de las inversiones extranjeras, a la vez que suprimió los subsidios a las producciones regionales. Esto provocó el cierre de innumerables empresas nacionales.
El 5 de septiembre de 1.966, la Federación Universitaria de Córdoba convocó a una asamblea, para decidir sobre la continuidad del paro contra las políticas represivas de la dictadura, y el gobierno provincial ordenó el uso de la fuerza para impedir el acto.
El encuentro entre policías y estudiantes dejó como saldo la herida de bala, producida a quemarropa por un policía en contra de uno de los manifestantes, quien cae gravemente herido y muere días después.
El nombre del joven era Santiago Pampillón, y cursaba el segundo año de la carrera de ingeniería de la Universidad Nacional de Córdoba, a la vez que trabajaba como operario en la fábrica Renault.
Su doble condición de obrero y estudiante, selló una alianza entre estos dos sectores, que llevaría, tres años después, al levantamiento popular llamado “El Cordobazo”.
El 29 de mayo de 1.969 en Córdoba, las ahora dos centrales obreras, se únen y comienzan un paro con abandono de tareas y movilización, en donde convergen también los movimientos estudiantiles.
La consecuencia es un feroz enfrentamiento entre policías y manifestantes. Los obreros y estudiantes se defienden de los balazos y los gases lacrimógenos, con palos y piedras que los vecinos del lugar les alcanzaban, formando barricadas en las calles del centro.
En esa gesta también hubo mujeres, trabajadoras, militantes, estudiantes universitarias, que fueron invisibilizadas por la historia, siempre contada por ellos.
Por citar a una de tantas, Hilda Guerrero, una obrera de Tucumán, había caído defendiendo sus ideales tiempo atrás, enfrentando al régimen de Onganía.
Desbordada la situación, Onganía envía tropas militares a Córdoba con el fin de reprimir definitivamente la protesta, dejando un saldo de veinte muertos civiles, y cientos de heridos. A su vez, crea un consejo de guerra para enjuiciar y encarcelar a los promotores del paro.
Una vez reprimida la protesta, y encarcelados trece representantes sindicales y estudiantiles en Rawson, el gobernador de Córdoba presenta su renuncia. En su lugar, se nombra a un interventor militar “con la misión de mantener el orden y la paz social interna, a toda costa”.
La metodología del “cordobazo” se replicó en otras provincias, por lo que fue considerado el comienzo de la caída de Onganía. Un año después, éste debió abandonar el gobierno.
En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad soberana del pueblo, el “cordobazo” representó un hito en la construcción política y social del movimiento popular argentino, como organizador de la acción política, con la esperanza de construir una sociedad más justa y democrática.
-Por Laura Cociglio, Abogada Especialista en Derecho del Trabajo.
*M.P. 1-37197 *CSJN Tº 505 Fº 66
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